Dejar de preocuparse

Nota: Este artículo fue tomado de CoachingPro by Sandra Gonzáles y su autor original es Leo Babauta, autor de Zen Habits.

¿Has tenido alguna vez compañeros de trabajo molestos? ¿O miembros de tu familia cuyas pequeños hábitos sean molestos? ¿Alguna vez te frustraste a causa de un vendedor, camarero o por otro conductor? ¿Y qué me dices de la frustración provocada por tus hijos o pareja?

¿Cómo dejar de preocuparse, volverte más tolerante, y encontrar la paz en medio de todas estas molestias y frustraciones?

Personalmente, y tras pensarlo bien, la respuesta vino tras el acto de “salirme de mi mismo”.

Casi a cada instante de cada día durante toda nuestra vida (más de 1,2 millones de segundos para mi) hemos estado preocupados. Nos hemos preocupado por inquietudes personales: ¿estoy haciendo lo que debería hacer? ¿me equivocaré?, ¿conseguiré respetar los plazos?, ¿qué piensan los demás de mi?, ¿soy lo suficientemente bueno?, ¿por qué me pasa esto a mi?, ¿cómo puedo ser mejor?, ¿por qué la gente no me escucha? ¿por qué no me tratan mejor? ¿por qué no salen de mi camino? ¿por qué estoy tan gordo?, ¿por qué la cosas no van como yo quiero? ¿me estoy perdiendo cosas?

Pero, ¿qué pasaría si te liberases de esas preocupaciones personales?

¿Y si, por un breve espacio de tiempo, pudieses ocuparte de ti mismo, de reconfortarte, de protegerte y de aceptarte?

¿Y si pudieses parar de pensar en ti mismo durante un momento, hacer otra cosa?

¿No sería una pequeña liberación?¿No sería agradable liberarse de esta preocupación que ha tomado posesión de toda tu vida?

Por mi parte, yo doy la bienvenida a esta oportunidad con los brazos abiertos.

 

Entonces, ¿qué ocurre cuando nos liberamos de nuestras inquietudes personales? Podemos comenzar a observar a los demás, descubrir quiénes son, por lo que están pasando. Resulta que sufren tanto como nosotros. Están constantemente preocupados por las mismas cosas, quieren ser felices pero tienen inquitudes personales y se preguntan porqué los demás (es decir, tú) actúan siempre de una manera tan irritante.

Puedes ver este sufrimiento, y comprenderlo, porque acabas justo de salir de tu propia cabeza, a la cual llegan las mismas cosas desde hace años. Puedes tener empatía.

Puedes también querer que sufran menos, y puede que les reconfortes, que tengas compasión.

Al volver a tu cabeza, llena de información nueva, de empatía y compasión, puedes quizás ser más tolerante cuando alguien no se comporta “de manera perfecta” (como si tú mismo te comportaras siempre de manera perfecta), cuando alguien es malo, o lento, o ruidoso. Puede que puedas incluso actuar amablemente hacia ellos, hacerles una acaricia mental, y buscar cómo ayudarles.

Evidentemente, es fácil volver a tu estado de preocupación personal. Yo regreso siempre, porque es un hábito profundamente arraigado. Pero puedo verlo llegar de vez en cuando, e intentar salir de ese espacio cerrado que es mi mente preocupada.

Incluso en breves momentos de tiempo, esta pequeña escapada puede traer su pequeña dosis de luz y felicidad. Y si te entrenas  regularmente, es una liberación sin igual.